jueves, 24 de junio de 2010

Fin de la tenencia o la imposibilidad de manejar

Felicidades a todos aquellos que aplauden el fin de la tenencia.

Estoy de acuerdo con el argumento del engaño: "era nadamás para las Olimpiadas". Es una bajeza.

Pero no se por qué, en la ciudad Monstruo, no nos damos cuenta que llegará un momento en que de verdad sea imposible utilizar un coche. Está bien, comprémos el cuarto de la familia (o el tercero, segundo o quizá primero), y estacionémoslo en el lugar del vecino, segunda fila. Llevémoslo todos los días al trabajo y soportemos el insufrible tráfico. Esperemos que BP, Exxon, Pemex o quiensea no vuelva a refinar el petróleo de nuestros mares, derramarlo y envenenar nuestra comida y economía de costas.

¡Ojalá todos podamos tener un carro!